Como ya os conté, ayer fue mi cumpleaños, y la verdad tengo que admitir que este año Paco se esforzó al máximo para hacer que fuera inolvidable.
Para empezar: desayuno en la cama. Amanecí como todos los jueves apagando el despertador de mala gana a las 7:00 de la mañana, pero en lugar del despertador me encontré con una rosa y una nota “Sigue el olor de las tostadas”, fui a la cocina y ahí estaba él, vestido con el delantal y gorro cocinero y en la mesa, café, zumo, croissants, tostadas… Madre mía! Más comida de la que podría comer en una semana!

Pensé que había sido la sorpresa más bonita que jamás me habían dado, pero no quedó ahí, porque a la tarde Paco me escribió un sms: “te esperamos a cenar”, yo pensé que habría invitado a amigos, así que me preparé para una gran cena con mucha gente, pero cuando llegué a casa, me quedé sorprendida ya que sólo había tres platos en la mesa.
Le pregunté a Paco que a quién esperábamos y me dijo: “espera un poco, aparecerá en cuanto encuentre la puerta”, cosa que yo no entendí en absoluto. Total, que nos sentamos a la mesa, y mientras esperábamos abrimos una botella de Paco & Lola, perfecto vino blanco para combinar con el delicioso salmón que estaba esperando en el horno. De pronto, oí unos ruidos en el baño y la puerta que se movía y apareció una diminuta bola blanca que se esforzaba por atravesar la puerta.
Un perrito!! Paco me había regalado un pequeño cachorro de dálmata al que hemos llamado Lolo y que se ha convertido en apenas una semana en dueño y señor de la casa, ya os iré contando la de trastadas que organiza el pequeñajo!

Lola.
